miércoles, 15 de mayo de 2013
Divagando
miércoles, 1 de mayo de 2013
La madurez del Nazismo
martes, 9 de octubre de 2012
¿Fraude?
lunes, 3 de noviembre de 2008
Hojas al viento
lunes, 27 de octubre de 2008
Divagando...
Una vez más la soledad agobia, asfixia y parece cubrirlo todo con su manto invisible. Esa invisibilidad relativa que, al igual que el viento, solo podemos sentirla y percibirla por sus efectos. ¿Cuántas historias deben quedar inconclusas para construir un destino? Los pequeños errores pesan tanto, pero nadie aprende jamás por las experiencias ajenas. La experiencia es no cometer los mismos errores, más bien, cometer algunos nuevos. Seguir cayendo y seguirse levantando. Pero este caer va dejando pequeñas y grandes heridas, que tardan en cerrarse, algunas jamás lo hacen, otras simplemente siguen doliendo en el tiempo, en el alma, aunque por fuera no tengamos indicios de ellas.
¿La vida es una sola? Si es así, entonces podríamos dividirla en pequeñas vidas. Ciclos, que al recordarlos, parecen una película, parecen vividos por alguien más. Simplemente no somos los mismos. A veces, nos llenamos de asombro con las cosas que hemos realizado. Las metas sufren las mismas transformaciones, cuando creemos que las hemos alcanzado, creamos nuevas, o las mismas han cambiado, se han ajustado y ya son otras. Solo cambiamos si de verdad lo deseamos, nadie puede obligarnos, ni apresurarnos.
Recorrer este camino de la mejor manera, con honestidad y dignidad, cerrar esas heridas, adaptarnos a los cambios, perdonar. Es una manera de vivir. Es el dominarnos a nosotros mismos y aceptar las cosas que no podemos cambiar. Solo tenemos control sobre nosotros mismos y sobre nuestros destinos. Si todo lo anterior es cierto ¿amar es aceptar?
Reinaldo Durán R.
viernes, 3 de octubre de 2008
Revelación.
Era un día muy peculiar. Aquella mañana al levantarse, Víctor había tenido una extraña sensación.
- Hoy algo va a pasar – se dijo, y abrió inmediatamente la llave del agua caliente. Y mirándose en el espejo, trataba de recordar algo de aquel sueño… mientras se afeitaba.
Aquella misma mañana Lucía se había levantado con una corazonada. Acostumbrada a las intuiciones, sabía que esta era muy especial.
Sentado al volante del vehículo, que avanzaba penosamente, en medio del tráfico matutino de la ciudad, Víctor iba absorto en sus cavilaciones.
- Primero a la oficina, luego, por la tarde, pasar a visitar a Rosaura y comprarle algo por el camino.- Se decía mentalmente una y otra vez, tratando de distraerse del ruido de la bulliciosa ciudad.
Lucía había telefoneado a una antigua amiga y habían quedado en almorzar juntas y pasar la tarde en su casa, ya que estaba de cumpleaños y se sentía un poco mal.
- Hola ¿Cómo estas?
- Hola, pasa estás en tu casa.
- Espero que te guste – dijo Víctor, al mismo tiempo que extendía su mano con el regalo y las flores, que había comprado en el camino.- ¡Feliz Cumpleaños!
- Gracias, yo pensé que no te acordabas.- Contesto Rosaura mientras buscaba con su mirada el florero y el lugar donde habría de colocar las flores.
- Rosaura ¿Quién llego?- decía Lucía al momento en que salía del cuarto.
- Lucía te presento a mi casi hermano. Víctor, ella es Lucía. Lucía él es Víctor.
Desde el primer cruce de miradas Víctor se dio cuenta que las sensación de aquella mañana invadía todo su ser. Lucía aquel nombre resonaba en sus oídos, como si hubieran sido pronunciadas con un tono muy alto. El tiempo parecía haberse detenido unos instantes, solo para contemplar la belleza contenida en el océano profundo de aquellos ojazos negros. Cientos de imágenes cruzaron por su mente, como recuerdos de un inconciente lejano, perdido entre sueños.
El corazón de ella dio un vuelco. La sensación de aquella mañana cobraba un vívido sentido, su intuición una vez más no le había fallado. Al estrechar aquella mano supo inmediatamente que, él era el hombre de sus sueños.
Conversaron hasta entrada la noche. Lucía se despidió de su amiga y de Víctor.
- Ya es tarde, se me había olvidado. Mañana tengo examen de economía.
- Yo te llevo. – Dijo Víctor, como impulsado por un resorte.
Rosaura, que hasta ese momento había observado como se comían mutuamente con las miradas, tan solo se limito a decir un “adiós tórtolos” al verlos subir juntos al auto de Víctor.
Así fue como se conocieron, en una tarde de abril, Lucía y Víctor. Comenzaron como cualquier otra pareja de enamorados. Hablaban por teléfono a cualquier hora del día, incluso a deshoras. En algunas ocasiones se decían indirectamente, lo que tenían que hacer ese día, con la esperanza de que se encontraran por “casualidad”. Y siempre lo conseguían, era una de aquellas historias de amor que leemos en los cuentos, de esas que al encontrarlos tomados de la mano en cualquier calle, sonreímos, simplemente porque el amor es alegría que contagia, así como el sufrimiento hiere.
El primer beso siempre lo atesoramos, es uno de esos recuerdos imborrables que nunca desaparece ni pierde su significado. Sin embargo, en muchas ocasiones son amores de juventud, historias que nacen y se pierden entre los sueños, ¿Cuántos amores inconclusos caben en un corazón adulto? Pero existe ese beso que va aún más allá, es ese beso que transmuta y purifica, ese en el que el Universo cabe en un minuto y nos hace soñar, que petrifica y desencadena ese deseo que no muere jamás. Un beso que a algunos solo nos queda soñar. Ese beso inmortal que nos da la seguridad de haber encontrado al Amor de tu Vida.
Ya llevaban algunas citas antes de ese momento. Lucía aún no entendía porque él, con su boca, no la había buscado. Víctor simplemente tenía miedo, estaba perfectamente conciente de todo lo que ella le inspiraba. Sabía que al rozar sus labios no habría marcha atrás, y al igual que el sediento en el manantial, no sabe beber sin temor a ensuciar.
Era una noche de Luna llena. La película había sido una de esas historias inspiradoras en donde la nobleza de los personajes vence sobre las circunstancias.
- Mi amor, que pases buena noches. – Se despidió Lucía con una de esas miradas de infinita ternura.
- Que descanses. – Fue la lacónica respuesta.
Luego de unos minutos de duda, Víctor sale para abrirle la puerta. Ella subió hasta la entrada, el la seguía con la mirada, al darse la vuelta para regresar al auto, tuvo una revelación. Ya su destino estaba atado al de ella y se dejo llevar.
- Lucía espera.
Y subiendo por la escalera a toda velocidad, la tomo por la cintura y se perdió en sus ojos negros, viviendo la magia de un segundo eterno.
Ávila, guardiana de Caracas, pulmón vegetal de esta metrópolis congestionada y cosmopolita. Te levantas imponente y noble a la vez, abres tus brazos y recibes, a través de innumerables caminos, a tus hijos.
Un año más tarde la fecha estaba decidida. La boda por la iglesia sería el primero de junio. Pero una vez más actuó el Destino, esa etérea fuerza que cruza, divide o une las vidas.
- ¿Tienes que ir? – Pregunto Lucía.
- Si. Si yo no voy, quizás las negociaciones no se den.- Se excusaba Víctor, mientras sostenía la mano convulsa de alguien que lloraba. – Y eso es algo que me costaría el puesto, además tú sabes que la empresa es de la familia.
Y es que Víctor tenía que viajar por negocios a Francia. Era una sola semana y él regresaría exactamente el día de la boda para unirse en matrimonio con su amada. La despedida fue larga, como lo son las despedidas de los enamorados, llenas de besos y palabras tiernas. Y antes de subir al avión le juro a su amada volver
Era el día de su boda y Lucía se había levantado agitada. Una vez más sus intuiciones le habían despertado.
- Eso es el matrimonio que me tiene así. – Se mintió así misma para tranquilizarse.
El día transcurrió con los percances y agites de cualquier boda.
- Ya están todos los invitados y el novio no llega.- eran los comentarios que se escuchaban en aquella iglesia. Lucía desesperaba en el auto en compañía de Rosaura y de su padre. De pronto se hizo un silencio absoluto, el novio había entrado por la puerta derecha y ya estaba frente al altar. Se escuchó la marcha nupcial, y la novia comenzó su caminata por la nave central de la iglesia, tomada del brazo, por su padre.
La fiesta fue a lo grande. Todos bailaron y rieron hasta bien entrada la noche.
- Vámonos que se me acaba el tiempo.
- ¿Tiempo? qué tiempo si tenemos la vida entera. – contesto Lucía.
- ¿Ya se van?, el auto esta en la puerta. Ya esta todo listo, que tengan una feliz Luna de Miel tortolitos.- dijo Rosaura sin levantarse de la mesa.
Aquella noche fue maravillosa. Desde el cielo las estrellas observaban, mudas, aquella cabaña de
La mañana siguiente, al despuntar el alba. Lucía estaba sola en su habitación. Era la misma sensación del día anterior y como para apartarse de esos pensamientos encendió la televisión. Una rosa roja sobre una hoja de papel, se encontraba a su lado en lugar de su amado. La tomo entre sus manos y comenzó a leer…
“Volveré a buscarte…
Te Amo más allá de la vida…
Nuestro amor trascenderá la muerte…
Y por tu amor, regresaré…
Un ligero escalofrío estremeció todo su ser. Al levantar sus ojos miró en las noticias el rescate de las victimas del desastre, que había ocurrido el día anterior en Paris.
Cual sería su sorpresa al ver que el avión de Víctor se había estrellado durante el despegue y que su nombre aparecía entre las victimas fatales de aquel accidente…
Reinaldo Durán R.
Caracas, 15/02/1997
Valencia, 08/05/2006
miércoles, 24 de septiembre de 2008
Confidencias a un amigo
Hechicera...
Manantial
Yo no era más que un viajero sediento y solitario. Cruzando senderos, tragándome montañas enteras. Iba en una búsqueda interminable sin ningún propósito. De mis interminables correrías, solo me quedan cientos de historias inconclusas, vidas enteras que he sobrellevado de manera estoica. En pocos años de vida acumule vivencias suficientes para llenar libros con mi tinta, y sin embargo, la nostalgia no me permite escribirlos. Si hoy me atrevo, es simplemente, porque mi ciclo se ha terminado.
Ya no recuerdo cuándo, en una de mis montañas favoritas, la misma que había recorrido mil veces, esta vez fue diferente. Cansado de vagar por los caminos del tiempo, desfalleciendo casi. Con una sed infinita y mis labios agrietados. Cientos de ramas me golpeaban simultáneamente pero seguía adelante. No sabía cómo, pero me había extraviado. Perdí mi rumbo y estaba totalmente desorientado. La silueta de la montaña me indicaba que iba en descenso, hacia una de sus gargantas donde con seguridad había agua. O quizás no, sabia que estaba lo suficientemente cerca de la cima como para no encontrarla. Salí de la enramada esperando hallar algo, y con el último impulso levante la vista maravillado.
De inmediato comprendí que había encontrado mi tesoro. Ese que todos buscamos toda la vida y muy pocos logran alcanzar. Su visión me hizo enternecer. Por un instante enmudecí, nada me había preparado para entender. Frente a mi, una pequeña caída de agua, un pozo de manantial, de agua supremamente pura y cristalina. No era imponente, sin embargo, ahí estaba. Su delicadeza contrastaba con la enorme fuerza que había moldeado las rocas algunos metros más abajo. Aquel era un paisaje que bajo la luz crepuscular se hacia cada instante más hermoso. Me lancé apresuradamente, con esa energía renovada que sentimos los seres humanos cuando nos damos cuenta que tenemos oportunidad de sobrevivir.
Al llegar a la orilla, arrodillado y desesperado ante la sed que me abrasaba la garganta, me detuve. Viéndome reflejado en aquel milagro de la naturaleza, sentí miedo. Ese miedo que todos los humanos sentimos ante la pureza. Esa duda, me contuvo de lanzarme apresuradamente en aquella agua que brillaba como por luz propia y cuya belleza inspiraba. Era tanta su pureza que me sentía indigno de ella. Sabía que al tocarla podría ensuciarla, que mi larga travesía, podría contaminarla, pero no tenía salida. Tenia pocas opciones, dejarme morir al lado de aquella belleza o disfrutarla como quien esta al borde de la muerte.
Me deje llevar por mis instintos humanos y bebí, primero con respeto, luego con desesperación. Disfrute cada trago como si fuera el último. Deje que aquella fuente de vida acariciara mis labios, luego mi cuerpo y termine bañándome en aquellas aguas transparentes. El sonido del agua corriendo me transporto a otro universo. Ya no existía nada más y me adormecí, me deje llevar. Estaba embriagado de placer. Aunque fría sentía que me cobijaba y me arrullaba. Luego reaccione, había perdido la noción del tiempo y ya casi había obscurecido. Decidí dormir ahí mismo, y en su orilla me cobije.
De eso hace varios meses. He guardado para mi ese regalo de la naturaleza y no me ha sido dado compartirlo. Yo no sé si fui el primero en descubrirlo y eso carece de importancia. Solo sé que por mí algunos saben de su existencia. Sin embargo, también sé, que nunca compartiré sus aguas cristalinas. Esa pureza que siempre guarda y que renueva mi alma.
Reinaldo Durán R.
Caracas, 23/12/2006
Nocturno
Noche oscura. Pálida Luna. La soledad se llena de sonidos conocidos, y me pierdo mirando los rastros que ha dejado la lluvia en su eterna caída. Una rana me canta y me observa desde un árbol cercano, con unos ojos desmesuradamente abiertos y que contrastan con su diminuto cuerpo.
El calor es grande, sin embargo, la orquesta de batracios e insectos, me hace suponer que refrescará más tarde. El suave aroma del Azahar me transporta, me lleva a un mundo de sueños, de miradas esquivas, de ideas, de locuras. Un mundo donde la naturaleza se revela así misma y me deja admirar la alegría de escuchar, de vivir, de soñar, de reflejarse en una mirada y encender el alma con la llamarada de un beso.
Al caminar por las calles todo llama mi atención. Los niños que juegan, corren y se atropellan. La señora que me mira desde la puerta. El perro echado sobre la acera. La gente que va, la gente que viene. Camino tranquilo, y de repente, algo cambia y ya esa plaza, ese Azahar y esas campanadas no son iguales, toman otro significado. Ahora no veo no escucho, ya nada más existe porque ahí estas tú.
Y algún día, al volver por las bocacalles de este pueblo, bajo la mirada recelosa de
Reinaldo Durán R.
martes, 23 de septiembre de 2008
Historia de Amor
Aclaratoria
A partir de hoy estaré subiendo periódicamente escritos antiguos, en algunos casos tienen muchos años de haberlos escrito. Esta aclaratoria la hago porque en algunos relatos cortos podrán ver que hay diferencias importantes entre la fecha del post y la que aparece debajo de mi firma. Los poemas que no tienen fecha tienen años, puesto que no era mi costumbre hacerlo. Por lo demás, pueden considerar la fecha del post la misma del escrito, aunque trataré de colocarla debajo de la firma, para ser consecuente con el estilo.
Aunque esta aclaratoria me sirve más a mi, para conservar cierto registro jejeje...
viernes, 15 de agosto de 2008
Una de vampiro…
Son las 11 de la noche y camino por las calles de esta enorme ciudad. Es una acera amplia que da hacia las escaleras de la torre B. Camino tranquilo, observando alrededor, pero sin concentrarme en nada. La calle esta despejada, uno que otro vehículo a intervalos acompasados, pocos transeúntes. Me siento en uno de los primeros escalones y enciendo mi primer cigarrillo de esta noche. Absorto en mis pensamientos he dejado de percibir el mundo. El vigilante en su ronda nocturna se me acerca cauteloso desde los escalones superiores. Me observa, pero debo contrastar con su imagen mental de un vagabundo o un borracho, simplemente me observa. Aunque me molesta la insistencia en su mirar, opto por no hacerle caso. Tengo sed, hace tiempo que llevo esta sed que me sobrepasa y no me deja pensar. Me siento ahogado y mis instintos me dicen lo que debo hacer, sin embargo, la apatía que me acompaña en estos últimos días hacen que soportarla sea llevadero. Alguien se acerca, en la distancia logro percibir la silueta lejana de una dama que acaba de cruzar la acera. Su taconeo, apenas perceptible, normalmente no me deja lugar a dudas, es un paso apurado, debe medir no más de un metro sesenta y cinco, es delgada y camina con ese hechizo mágico de las latinas en sus caderas. Me levanto y espero que el taconeo se haga audible, la espero sin emoción, ya esta próxima a aparecer frente a nosotros, el vigilante, que ya la escucha también la espera. La vemos pasar frente a nosotros, no voltea porque se sabe observada, es una regla tácita, no se deben mirar los ojos de los extraños, y mucho menos sola de noche, aunque sea un paraje iluminado. Dejo pasar algunos segundos y sin pensarlo demasiado empiezo a caminar en la misma dirección de la mujer que acaba de pasar. Puedo percibir la mueca pérfida del vigilante, con sus instintos mortales impregnados de predecible imaginación. Decido girar y observarlo directamente a los ojos, baja la mirada en parte descubierto y en parte intimidado.
Sigo el taconeo a una prudente distancia y se adivina el sinuoso andar en la oscuridad. Acelera el paso, acaba de sentir mi presencia o mi ausencia. Es la primera vez que me percibo descubierto. Ella se detiene, el pánico la desorienta. Desde donde estoy puedo oler su miedo, su corazón se acelera y su respiración se agita, exuda adrenalina y sus dilatadas pupilas buscan en las sombras. Se ha volteado, se sabe perseguida, su esfuerzo fútil me produce una sonrisa irónica. Decido adelantarme, ella solo siente una brisa fría. Aunque el frío proviene de su miedo, en lo profundo de la psiquis humana siempre se teme a lo que no se conoce, pero su instinto está en lo cierto. Ahora la veo venir, ha comenzado a caminar mucho más rápido, ya su paso no es tan rítmico, es un caminar nervioso que dista mucho del movimiento provocador instantes atrás.
La sed me impide ser paciente, decido aparecer frente a ella detrás del árbol que esta llegando a la esquina. Después de todo ya he jugado suficiente. Le salgo al encuentro y sus ojos se encuentran con los míos, casi puedo imaginar sus pensamientos mientras me acerco con movimiento certero a tomarla por el cabello. Es hermosa, pero no estoy contemplando su belleza. La arrincono contra el muro y después de un instante de resistencia parece comprender que es un esfuerzo inútil. Mis colmillos penetran la carne trémula de su largo cuello y solo logra emitir un pequeño gemido. Bebo hasta saciarme, bebo con pasión sin soltarla ni un instante mientras su corazón parece salir de su pecho. Lentamente su expresión se suaviza, sus ojos de animal asustado van quedando vidriosos y sin vida, su respiración se torna suave y relajada, y su pulso se debilita. Sigo bebiendo ya sin premura, mi sed ha sido saciada, solo la gula me guía en los instantes finales.
Suelto el cuerpo ahora sin vida que se desliza para caer pesadamente sobre el concreto. Algunas pertenencias han quedado sobre la acera. El celular repica con la canción de moda desde su bolso e impulsa mi curiosidad. Ahora sabrán que algo ocurrió, que ella no llegara a casa esta noche. Tomo el celular, solo para observar la pantalla brillar “mi niño llamando”. Lo suelto algo consternado, aunque han pasado muchos años, lo que queda de ser diurno en mí, a veces se deja salir. Me permito un instante de culpa, mucho menor del que sienten aquellos que han criado un animal desde pequeño para luego devorarlo en la cena. Solo hay una diferencia, los mortales deben tasajear y cocinar los cuerpos que consumen para eliminar sus expresiones. Me repito a mi mismo “son solo ganado”.
Enciendo un cigarrillo y camino despacio, un perro ladra a lo lejos. Siempre lo hacen, hasta que me les acerco lo suficiente. No sé cuanto dormitaré ni cuando volverá mi sed. Después de todo, tengo toda la eternidad.
Reinaldo Durán R.
jueves, 14 de agosto de 2008
Sobre el Islam.
Navegando por Internet me encontré con una noticia que traía adjunto un video sobre una ejecución por "honor", de una adolescente iraquí o siria. Reflexionando sobre este tipo de muertes que se dan en el mundo, así como también, costumbres atroces que se dan en África, tales como la "circuncisión" femenina, que no es más, que una amputación por motivos netamente machistas y absurdos, crímenes que desde la óptica occidental nos suenan tan distantes como improbables. Sin embargo, son crímenes. ¿Cómo es posible, que una generación que prácticamente esta en contacto con lo que ocurre en el planeta, guarde un espantoso silencio cómplice sobre estos temas? ¿Qué podemos hacer desde nuestro humilde rincón en el mundo para combatir estas atrocidades? Honestamente aún sigo buscando la respuesta.
Todas estas informaciones tenían como común denominador al Islam, como religión de sus practicantes, sin embargo, jamás he encontrado en el Corán referencias reales a estas costumbres. Además que son focalizadas regionalmente según las costumbres previas a la llegada de esta religión a los confines de la Tierra. Demás esta decir que no soy racista, ni anti árabe, ni antisemita. Mi preocupación viene dada por la apatía de entes internacionales ante estas costumbre ¿dónde esta la ONU? Quizás debemos comprender a grandes rasgos su situación histórica, estos pueblos marcan su calendario cuando mahoma se traslada de la meca a medina y utilizan un calendario lunar, éste año 2008 es el año 1430 según su calendario. Traigo lo siguiente a colación por una reflexión simple ¿qué hacia el mundo occidental hacia esos años? Estábamos en pleno oscurantismo, si mal no recuerdo, quemábamos hombres y mujeres por herejes, hacíamos guerras religiosas y así muchas otras costumbres que podrían tacharse de criminales, tales como las torturas para hacer que las supuestas brujas "confesaran". Entonces podríamos decir que estamos en una encrucijada histórica, la diferencia es que en esta "Edad Media" para estos pueblos, existe un poder destructivo para la humanidad sobre el que no hay precedentes en la historia conocida. Entonces qué debemos hacer como habitantes del mundo, dejarlos seguir su camino evolutivo propio y dejarlos en paz, no lo creo. Si bien mi comentario puede ser malinterpretado, les pido la mejor comprensión para mis palabras. Si todos los países quieren ser considerados como iguales, ante las leyes internacionales, ante los organismos internacionales, se deben sentar las bases para que esta equidad se base en principios morales, que puedan ser compartidos por las naciones del mundo. Estos pueblos, a veces, son minorías en sus propias culturas, el problema es cuando estos entes fanáticos toman el poder. El principio de autodeterminación de los pueblos es un asunto muy serio, qué pasa cuando esa auto determinación lleva a países enteros bajo dictaduras religiosas como la de los Talibanes en Afganistán, significa que todos los Afganos son terroristas o fanáticos religiosos, eso no es cierto, el que tiene las armas, en algún momento determinado, es el que impone la ley.
El silencio cómplice de los gobiernos del mundo, de las Naciones Unidas y de los medios de comunicación internacionales, producen la sensación de que son pequeñas excepciones, sin embargo, la humanidad debe estar alerta. ¿Qué podemos esperar de un ser que llegue al poder en algún país, que haya apedreado o lapidado a su hermanita menor por un asunto de honor? Esto es un asunto que en lo absoluto debe producirnos indiferencia.
Hoy en día, en que diversas manifestaciones de la cultura relacionada al Islam han llamado la atención sobre las tradiciones de estos pueblos, debemos estar atentos, ser constantes con su denuncia, porque un asunto es costumbre y otro muy diferente una violación a los derechos humanos, por cierto, suscritos por muchos de los países que aun contemplan este tipo de castigos para lo que se consideran crímenes. Quizás para estas culturas la mujer deba seguir cumpliendo un rol con diversas privaciones de libertad, o de lo contrario podría ser sometida a un escarnio público, o rechazada por su comunidad, incluso expulsada de su país, pero algo muy diferente es que deba ser asesinada frente a la mirada atónita de cientos de personas, incluso por sus propios familiares.
El Islam ha sido una fuente de Fe y sabiduría para millones de personas alrededor del mundo, dejemos la puerta abierta para que sean estos los lazos que guíen al mundo.

